El horario resultaba poco habitual para ser un día de semana
pero el espacio de la Trastienda es ideal para tomar algún aperitivo y
deambular entre la vertiginosidad de los bombazos que Kaiser Chiefs dispuso
para alterar el estado de ánimo de un puñado de amantes de la música británica.
Claro, justo ellos que hasta hace poco fueron los mimados en las Olimpiadas
de Londres tocando Pinball Wizzard de los Who. Si, justo ellos eran el mejor plan.
El día anterior se presentaron en el gran festival gran de
Pepsi para brindar una breve performance de 45 minutos y entonar a los que se
animaron a sufrir las inclemencias del tiempo en costanera sur para luego
adentrarse en los infiernos de Queens of the Stone Age. Ahora bien, el clima
porteño cooperó a reposar y recién volver al ruedo en un horario totalmente
fuera de lo común.
Ricky Wilson como presencia icónica de la banda que deja
todo en el escenario. Absolutamente, todo y se les puede perdonar que se
presenten a cualquier hora porque la entrega de estos ingleses de Leeds es
total. Devoción por la música, pasión por este sentir y por alimentar una
tradición británica que siempre se mantiene vigente con la emergencia de
diferentes grupos que alimentan este hermoso abanico del rock.
Con una hora y media, Kaiser Chiefs se despachó una gran performance en un
recorrido por su discografía de cuatro álbumes y hasta inclusive se dieron el lujo de
presentar por primera vez una canción nueva llamada "Penny Black", en la que el
cantante Wilson recitó, hoja mediante, cada uno de los
versos de lo que seguro será un hit más. Una gran novedad fue la presencia del nuevo baterista Vijay Mistry que, ni más ni menos, viene a suplir una
figura importante de la banda como Nick Hodgson, quién no sólo era el reloj que
sostenía la potencia que emanan sino que participaba con talento y carisma en
los coros y puesta en escena.
La sobriedad de los demás integrantes como Andrew
White, Simon Rix y Nick "Peanut" Baine se contuvo
y concentró en la prolijidad y proponer una fidelidad sonora a los discos que
inspiraron imágenes para degustar y sublimar en temas como “Like it too
much”, “Modern way” o “Life’s not a competition (but i’m winning)”; o disparar
la furia poguera en “Everytime i love you less and less”, I predict a riot”,
“Never miss a beat”, hasta incluso en la eufórica y alegre “Ruby”. Cerrando el tramo principal, un Wilson
agotado y en trance se bajó del escenario para subirse a un andamio de La
Trastienda y desde la altura contemplar con gozo una masa furiosa y
sumisa que entonaba “The angry mob”. Saltos, saltos y más saltos en un estribillo eterno que exigió en su posterior y breve abstinencia al menos un puñado más de canciones.
Por ello, la vuelta no se hizo esperar y los bises tuvieron la canción nueva “Penny Black” para finalizar con “Oh! My God” de su primer disco Employment (2005), sin dudas una
expresión de sorpresa por la calidez con que el público abrazó a una de las
grandes propuestas de la música británica.