11 de abril de 2013

Franz Ferdinand en Argentina: la celebración de Escocia


La gran banda escocesa que inauguró el milenio con sus poderosos riffs devenidos en ambiente disco regaló una clase de música para todos aquellos que planean reinventar algunas de las mejores influencias de la música británica del punk en adelante. A más diez años de su irrupción en los circuitos industriales de la música, Franz Ferdinand demostró una vigencia imbatible al momento de envolver con groove a un público que se vino calentando con las diversas e interesantes propuestas de los islandeses de Of Monster and Men y los estadounidenses de Major Lazer, quienes ofrecieron otros territorios a lo largo de la tarde-noche a los pies del planetario de Buenos Aires.

Hace ya varios días de este gran evento que se enmarcó en el ya clásico Movistar Free Music y que en una especie de jornada “semi” gratuita se pueden apreciar otras performances de músicos que anduvieron girando  por el continente, gracias las ediciones chilena y brasileña del festival Lollapalooza. Claro, el tema no es pensar la mezquindad de los productores locales sino la falta de inteligencia, y sí, ambos factores combinados en grados excesivos y empalagosos que se traducen en grandes eventos prometedores que mueren en el intento y del cual el público es presa desde hace varios años.

Pero sin correrse de este espacio Free Music, cabe apreciar como primer plato a un grupo de islandeses llamados Of Monsters and Men, quienes brindaron un set breve pero conciso de tinte folk-pop y una fresca y envidiable juventud que se sazonó en risas y audacias en sus composiciones. Contraste si los hay del clima frío nórdico relajado en el calor del público con una ovación conmovedora para, a modo de fade out, diluirse en la fiesta de Major Lazer. Otro de los proyectos del  productor y DJ Diplo (Thomas Wesley Pentz) de tinte dance/reggae que disipó la ansiedad de Franz Ferdinand y entretuvo con una rave al palo, com mucho agite y euforia. Culonas exaltadas bailando, banderas, cotillón y un Diplo exacerbado que caminó sobre el público sobre una burbuja fueron algunos de los condimentos que brindaron una propuesta totalmente diferente a lo largo de la jornada.
El frío se hacía amigo en una tarde que caía y se oscurecía para juntarse más y agitar los cuerpos con “No you girls” y comenzar el recorrido disco por disco de los escoceses, quienes con un sobrio escenario y sólo con sus instrumentos levantaron en pogo a los miles que se congregaron a su espera. El lugar no pareció ser el indicado por los olores que emanaban del suelo dado que es un parque que está poco cuidado. Poco importo de todas formas ya que la corriente irradiada de temas como “Dark of the matineé”, “Do you want to”, “Walk away” o “Michael”, entre otros, funcionaron como portal para transportarse a principio de 2000 y recordar a esta banda de Glasgow como bisagra de lo que fue el brit pop y lo que continuó en la música británica.
Sin dudas, en su tercer visita a Buenos Aires FranzFerdinand supo apostar a la fuerza de sus hits como “Take me out”, “Ulysses” o “The Fallen” para sugerir temas que nuevos (“Fresh Strawberries”, “The Blackpool Illuminatti, “Right thoughts…”) que ya vienen interpretando y que se materizalizarán en un próximo álbum. Si bien los picos de la noche se encontraron en los hits, cabe destacar los últimos diez minutos previos a los bises en los que la banda interpretó una versión brillante de “I Feel Love” de Gloria Gaynor crujir los oidos continuando con “Outsiders” y un set de batería en el que interactuaron los cuatro músicos.
Tras el silencio que anuncia unas canciones más, la banda formada por Alex Kapranos (guitarra y voz), Nick McCarthy (guitarra, teclados y voz), Paul Thomson (batería) y Bob Hardy (bajo) irrumpió el escenario para dar la estocada final al show y traer del pasado “Jacqueline”, canción que abre su primer disco homónimo, para continuar la flamante “Trees & animals” y agotar las neuronas con “This fire”. Sin dudas, uno de los mejores finales que podían hacer jugando y tronando el estribillo con el público para eternizar los riffs al infinito y coronar esta breve hora y media de show con sabor a destilado escocés.