Una de las figuras más importantes de lo que fue la
corriente más glamorosa del rock de los setenta se presentó hace quince días en
Buenos Aires para hacer un repaso de su repertorio hitero y explotar al máximo
esos clichés que hacen a su gran figura. Sir Elton John es hoy uno de los emblemas
del artista políticamente correcto a pesar de ciertos escándalos que diluidos en el
pasado el mito los transformó en relatos anecdóticos de un hombre extravagante.
El mayor temor o desconfianza, algo absurdo al fin y al cabo,
era ser presa obvia de un recital de baladas para parejitas y así coronar una
velada bien cursi en este incipiente marzo. Quizás los amagues de una tormenta
que se avecinaba y que con su presencia imponía desconfianza, Elton John
desplegó artillería pesada de su manga de lentejuelas para satisfacer la
variedad de paladares que su música supo construir en algo más de 40 años de
trayectoria.
La eminente figura de David Bowie, tan solemne y adorado entre las
elites snobs, junto con otra joya como Marc Bolan configuran la esencia suprema
del glam rock británico que se dio paso entre la juventud en el primer lustro
de la década del 70 y que desplegó una serie de artistas maravillosos que
desarrollaron una capacidad artística fantástica. Épica rockera que la película
Velvet Goldmine (1999) relató hasta en sus más ínfimas fibras sensibles.
Sensibilidad fue lo que no faltó durante la noche que
refrescaba los cuerpos amuchados en la segunda mitad del campo del estadio
Vélez Sarsfield -donde estaba ubicado- y que con perseverancia tuvieron premio con melodías revisitadas del
disco Goodbye yellow brick road (1973),
cofre de joyas musicales (“Grey Seal”, “Goodbye yellow brick road”, “Candle in the wind”, “Funeral for a friend/Love lies bleeding”, entre otras) que abren paso a la década glam y posicionan al
artista como uno de los más talentosos y excéntricos de la escena británica.
Sin tanta purpurina y con unos lentes sobrios de color azul, Elton
John repasó décadas de su música en la cual sin ningún impedimento de edad,
pudo sacar estelas a sus teclas para engañar al público Aspen y regalar una
performance bien rockera en su tercera visita a Buenos Aires.
Sorprendente, sin ninguna duda, fue encontrar nombres como
Nigel Olsson en batería y Davey Johnstone en guitarra y coros, quienes han
acompañado al inglés desde los comienzos. Cabe también destacar el colchón de
voces que potenció los fraseos de Elton John, sonidos afrodisíacos entre los
que se encontraba la voz de Rose Stone de la mítica Sly and The Family Stone.
Por supuesto, que entre canciones como “Rocket man” que
lleva el nombre de su gira, se pudieron apreciar clásicos como “Cocodrile rock”
y un final que fue apagando la noche de manera suave con “Your song”. Detalle no menor en el ocaso del show para recordar con sus canciones cómo fue que el periplo comenzó, allá en 1970 junto a su gran letrista y amigo Bernie Taupin.
Video: Clarín.com