El legendario vocalista y flautista de Jethro Tull brindó dos veladas inolvidables en el teatro Gran Rex invitando a todo su público a un viaje a la discografía de esa banda que supo ubicarse en la movida sinfónica allá por los finales de los sesenta y principio de los setenta. Un rock prolijo de músicos con estudios que venía a darle cierto intelectualismo al rock, para muchos aburrido, para otros orgásmico por las representaciones que generan las composiciones que traen historias medievales o paisajes imposibles.
