En uno de los mejores eventos del año, Pulp demostró la vigencia de un sonido fresco y único que transformó la escena rockera de Inglaterra durante la década del noventa. Claramente, la epopeya de estos ingleses en el Luna Park fundamentó una prueba más de que su vuelta fue uno de los mejores milagros que le pudo pasar al rock, reconstruyendo esas atmósferas sublimes y empalagosas en tiempos ya algo remotos desde aquel boom del britpop al demostrar un pleno derroche de vigor en más de dos horas de MÚSICA. Sí, un claro homenaje en la víspera de su día.
Vino Pulp. Dos palabras que sintetizan una noche, una fecha con una extraña numeración: 211112. Detalle que el propio Jarvis Cocker no dejó pasar en una de sus espontáneas charlas y divagues a los que hacía participar al público luego de su explosivo arranque con “Do you remember the first time?”, clara alusión a la primera vez de muchos, la nuestra. Por ello, el recital giró en torno a extraer y sacar a luz del arcón de los noventa piezas como Pink glove, “Something changed”, “Lipgloss”, “Sorted for E's & Wizz”, en su mayoría pertenecientes a sus discos His 'n' hers (1994) y Different Class (1995). También supo iluminar a los que superaron la nominación de “fanáticos” con algunas piezas perdidas como “Razzmatazz” o “Mile end”.
El momento más sentido en las vísceras, al menos hablo por mí, es cuando This is hardcore enfrió los aires del Luna Park con sus retratos frívolos y apáticos que se diluyen en la entonación de una de las mejores canciones que dan nombre a su disco homónimo de 1998. No es poco, grandes temas como “Little Soul” o “Help the aged” del mismo álbum fueron momentos que levantaron al público.
En líneas generales pudo apreciarse un Jarvis Cocker de fantástico humor que, por un lado, interactuó permanentemente con su gente, regaló chocolates, compartió una cerveza con los más cercanos al escenario y, por otro, bailó cada una de las canciones corriendo el escenario de punta a punta y se revolcaba por los suelos o se recostaba entre dos parlantes de retorna jugando con movimientos pendulares de cadera. Claro, todos querían tocarlo y poder descubrir esa mirada que se achicaba a través de los gruesos vidrios de sus lentes.
En tanto, la banda siempre mantuvo una postura sobria y muy precisa recostada en la figura carismática de su cantante, a quien potenciaban con el desenvolvimiento de sus virtudes a lo largo del repertorio en el que cada instrumento lograba lucir su sonido. Así, Candida tuvo momentos donde su teclado fue protagonista absoluto como en “Sunrise” de We love life (2001), último trabajo de estudio de la banda.
En la observación obvia, cabe comentar que los momentos más explosivos y festejados de la velada fueron cuando Cocker a modo de strip tease aligeró su cuerpo de su saco y corbata para agitar y revolear su cuerpo en “Disco 2000”, coronándose como patrono de las discos. También, “Common people” fue otra joya de Different class que formó parte de los picos de la noche para invitar a saltar y delirar, gritando el tarareo final de la canción.
Nueve años separaron su disolución de su reencuentro, Pulp nos demostró a lo largo de más de dos horas y con mucha energía focalizándose en su etapa más “disco”, por qué marcó los oídos de una generación allá en los noventa y dejar en claro que fueron lo mejor que últimamente ha dado el rock británico. Por ello, la noche fue única porque se combinaron todos los elementos posibles: la ansiedad del público, el gran despliegue musical y una puesta en escena magnífica que realmente superó cualquier tipo de expectativas.
Las fotos del recital son cortesía de Javier López Uriburu




