La vigencia de la figura de Marilyn Manson es indiscutible luego de dos décadas de oscuridad, morbo y perversión; virtudes de las cuáles este norteamericano supo explotar en pos de alcanzar a convertirse en un ícono de la música de los años noventa. Felizmente, esta tercera visita trajo lo mejor de él para presentar algunos pasajes de su nuevo disco Born villain, en el marco del accidentado y trunco Maquinaria Festival.
Un evento fallido supone ser un espacio donde se promete demasiado y la chicana del negocio termina maltratando, como siempre, a aquellos que miden la lógica a partir de su pasión y de sus vibras más íntimas. La música genera eso y permite incluso converger en territorios diferentes a los que uno acostumbra, sea un festival de metal, para entender las diferentes prácticas que conforman la identidad de una tribu juvenil. Y todo eso, tan bello, sirvió para mostrar lo vivo que uno se siente en contacto con otros y con la música, en contraste con las lacras: la organización de Maquinaria Festival Argentina.
Para mi sorpresa y mi poco entender del género sostuve con firmeza que el sonido iba a ser medio malo a mi llegada a GEBA y mi asistencia al show de Mastodon, una banda de metal arrollador que mantuvo durante su set una tensión que se recalentó con la densidad de la tarde porteña que castigó a todos los que se habían acercado desde temprano. Entonces, “OK, no entendí nada”, me convencí y esperé a presenciar un episodio que sería interesante: el turno de Malón, legendaria banda del metal nacional que supo tomar la atención de la tribu local y hacer sentir su acompañamiento y fidelidad en cada una de las canciones y de las palabras que sentenciaba O’Connor.
Pero la noche iba tomando otro color y seguramente el metal adquiría otro matiz ante una eminencia que anunciaba explotar en el segundo escenario con un telón negro que auguraba que el morbo se haría presente. El viento de la noche iba arrancando semejante tela negra que buscaba preservar el misterio pero las siluetas ya insinuaban lo que vendría y lo demás fue inevitable. Manson logró intimidar a cada uno con sus movimientos balbuceantes que hacía para insinuar, acaso, una mutilación o la invitación al juego sádico que se observa en la mayoría de sus producciones audiovisuales.
Con "Hey Cruel World", el reverendo en formato de cuarteto presentó algunas canciones de su último trabajo Born villain (2012) y luego amasijar la ansiedad de quienes esperábamos clásicos como mObscene de The Golden Age of Grotesque (2003) o "The dope show" o "Rock is dead" de su glamoroso Mechanical Animal (1998) y sucede que, de pronto, la oscuridad se convierte en la pose frívola, vacía y excéntrica de las estrellas. Y allí residió su juego para poner en escena situaciones como la falsedad religiosa al mutar en un clérigo decadente que disparaba humo en cada ráfaga de ardor que emanaba de la garganta del norteamericano.
Hubo momento de covers en la agitada presentación que tuvo sus momentos de ruido, en el sentido que fallaron algunas luces que servían al artista para enfatizar sus miradas y poder explayar este fantástico juego de la perversión en el rock. Nunca antes una versión tan buena de "Personal Jesus" de Depeche Mode que se hermanó con la clásica "Sweet dreams" de Eurythmics para empezar a inflar el pecho de los que abajo nos sentíamos sodomizados con cada trueno que se rasgaba de la guitarra de Twiggy Ramirez, antes bajista y ahora violero desde su regreso a la banda en el 2008.
Marilyn Manson supo hurgar en las viejas llagas de su pasado para presionarlas, revolverlas y reflotarlas a la magnífica noche primaveral de GEBA. Tras cambios constantes en su vestuario, con lo que contó con una pequeña carpa montada a un costado, dos soldados de su templo acercaron su atril para dar el anuncio y producir ebullición musical con "Antichrist Superstar" donde el público arengó con su puño en alto los latigazos que Ramirez daba su guitarra y la predica fascista de Manson, que a esta altura de la noche había brindado por lejos el mejor show de la jornada.
Hacia el final continuaron los desperfectos técnicos y las desprolijidades que irritaron a Manson al punto de irse del escenario desbarrancando la batería y reventando el micrófono en un costado sin despedirse, mientras se extinguía una versión agresiva de "The Beautiful People". Mientras todo a aclararse, el público shockeado volvía a la oscuridad de la vida.
Fotos: Maquinaria Festival
Con "Hey Cruel World", el reverendo en formato de cuarteto presentó algunas canciones de su último trabajo Born villain (2012) y luego amasijar la ansiedad de quienes esperábamos clásicos como mObscene de The Golden Age of Grotesque (2003) o "The dope show" o "Rock is dead" de su glamoroso Mechanical Animal (1998) y sucede que, de pronto, la oscuridad se convierte en la pose frívola, vacía y excéntrica de las estrellas. Y allí residió su juego para poner en escena situaciones como la falsedad religiosa al mutar en un clérigo decadente que disparaba humo en cada ráfaga de ardor que emanaba de la garganta del norteamericano.
Hubo momento de covers en la agitada presentación que tuvo sus momentos de ruido, en el sentido que fallaron algunas luces que servían al artista para enfatizar sus miradas y poder explayar este fantástico juego de la perversión en el rock. Nunca antes una versión tan buena de "Personal Jesus" de Depeche Mode que se hermanó con la clásica "Sweet dreams" de Eurythmics para empezar a inflar el pecho de los que abajo nos sentíamos sodomizados con cada trueno que se rasgaba de la guitarra de Twiggy Ramirez, antes bajista y ahora violero desde su regreso a la banda en el 2008.Marilyn Manson supo hurgar en las viejas llagas de su pasado para presionarlas, revolverlas y reflotarlas a la magnífica noche primaveral de GEBA. Tras cambios constantes en su vestuario, con lo que contó con una pequeña carpa montada a un costado, dos soldados de su templo acercaron su atril para dar el anuncio y producir ebullición musical con "Antichrist Superstar" donde el público arengó con su puño en alto los latigazos que Ramirez daba su guitarra y la predica fascista de Manson, que a esta altura de la noche había brindado por lejos el mejor show de la jornada.
Hacia el final continuaron los desperfectos técnicos y las desprolijidades que irritaron a Manson al punto de irse del escenario desbarrancando la batería y reventando el micrófono en un costado sin despedirse, mientras se extinguía una versión agresiva de "The Beautiful People". Mientras todo a aclararse, el público shockeado volvía a la oscuridad de la vida.
Fotos: Maquinaria Festival

