9 de noviembre de 2012

Robert Plant en Argentina: sonidos en exploración perpetua

Robert Plant es el nombre que todo lo dice, que llena trae los recuerdos de una adolescencia rockera, en la cual música constituye el dogma donde descansaron muchos de nuestros sueños e ideales. Se constituyó todo un relato alrededor de la figura de este inglés que personalmente es más alto de lo que uno podía admirar en algún video o foto de sus performances. Claro está, falta Jimmy Page y John Paul Jones para completar algo de aquello que en nuestro país no se pudo experimentar que es un recital de Led Zeppelin.

Sin embargo, a mí y a tantos otros en el Luna Park poco nos importó estos pequeños detalles pelotudos que, de pronto, se me vienen a la mente y que también funcionaron como disparadores de deseos y expectativas ante tamaña presencia. Estar allí y contemplar los gestos que uno tiene registrado o bien el registro o juego de voz de esta LEYENDA (sí, con mayúsculas) del rock. 
Plant embarcó al público en los mares del sonido de su banda The Sensational Space Shifters conformada por Juldeh Camara Ritti (violín africano), Kologo (banjo africano), Justin Adams (guitarra, bendir), John Baggott (teclados), Liam Tyson (guitarra), Dave Smith (batería y percusión) y Billy Fuller (bajo); quienes fueron delineando y sumergiendo la canciones de Zeppelin en espacios que podrían dibujar un paisaje africano. Los devenires mutuos de Plant con el gambio Kologo fueron momentos fascinantes donde podía encontrarse una fusión y una búsqueda constante del líder de Zeppelin por no acartonarse en el rock.
Uno espera que los temas de Zeppelin emocionaran como lo hacen los discos pero resultó aun más interesante permitir que otras músicas étnicas pudieran envolver y enroscarse con hermosas piezas de folk que supieron interpretarse de manera bella en las manos de Jimmy Page. Los Sensational Space Shifters funcionaron como un gran engranaje que condujo a Plant a la construcción de un cuerpo. Diferentes intensidades musicales que permitían romper con un lógica de show tradicional en los que el artista saluda y toca las que “sabemos todos” para arrancar aplausos y ovaciones cuando "Black Dog" abandonó el riff y se amigó con "Bron-y-aur-stomp" para seguir la misma secuencia de mantra de “Friends”, primer tema que sedujo a los zeppelinianos.
De a poco se llenaba el Luna Park, en silencio, a sabiendas que se iba a presenciar un acontecimiento especial y que los recuerdos fluirían en cada acorde o melodía que Plant sostuvo con su registro, algo bajo dada su edad y que le facilitó moverse por las diferentes canciones de su repertorio. Por supuesto, un homenaje a las raíces también se pudo apreciar a través del cover “Spoonful” de Howlin’ Wolf, entre trompadas musicales como Four stick o Ramble on que permitía estallar en cada estribillo a todo el estadio. El descanso vino de la mano de “Whole Lotta Love”, más experimental que potente permitió un breve descanso de Robert y su banda.
Los bises no se estiraron y permitieron uno de los momentos más maravillosos de la noche, quizás del año cuándo el rasgueo de “Going to California” daba lugar al relato de la voz de Plant, quizás una de las mejores se acomoda a su registro y en las que puede saborearse la dulzura de la melodía. Al final, la furia se echó a rodar con la clásica “Rock and Roll” para el deleite de todo un Luna Park que despedía a Robert Plant cual hinchada a su equipo de la B Metropolitana.
El detalle a precisar. Hacia el fin del recital un joven se permitió tomar coraje y saltar hacia el escenario en busca del ansiado abrazo al ídolo. El ímpetu y la desesperación de la acción sólo dio lugar a que Plant se tropezara y cayera sin hacerse ningún daño. Lamentablemente, el fanático sólo encontró el abrazo del patovica que lo acompañó a la puerta.