Sin ninguna duda, Travis
dejó una sensación fantástica luego de su breve presentación para dar inicio a
los últimos shows de la noche del Planeta Terra Argentina con un line up algo controvertido, no solo por
la versatilidad de artistas, sino por la disposición de su orden. Si bien, Lana
Del Rey fue la artista con mayor convocatoria en el evento, Beck revolucionó
los oídos al hacer un repaso por su carrera en la que ha experimentado con
diferentes estilos y sonidos, lo cual fue un lujo volver a vivir luego de
aquella visita en el 2001 en el extinto Hot Festival.
Dentro de los asistentes
al festival, pudo diferenciarse un sector de jóvenes identificados no solo por
su rango etario (no superaba los 20 años), sino por la utilización de una
vincha floreada y algunos carteles en la mano que hacían referencia a Lana Del
Rey. La ansiedad se exacerbaba y encontraba cierto alivio cuando cada una de
las performances previas finalizaban para nuevamente entonar el grito de “Lana
Del Rey, Lana Del Rey”, así hasta el infinito. Y es que, en este sentido, fue
explosiva la euforia cuando la cantante estadounidense pisó el escenario
caminando con mucha suavidad y luciendo un delicado vestido corto. Las
adolescentes gritaban, pataleaban el suelo y se deshacían en lágrimas con cada
entonación de las canciones que corresponden a su primer disco oficial Born to Die (2012).
Un rejunte de estereotipos
e imágenes sugestivas se disparan desde el escenario detrás de una joven bella
y con una voz muy agradable, quien no permitió soltarle la mirada en cada uno
de sus movimientos. Lana puede coquetear con sus músicos, acariciar sus torsos
o recostar su figura, pero siempre de una manera delicada y sensible que
transporta a sus fanáticos a un estado de histeria colectiva. Desde el sector
de campo, fue una gran hazaña poder dilucidar la voz de la artista porque los
coros exacerbados del público fueron realmente ensordecedores.
Una marea adolescente en
estado de shock se descomponía en lágrimas y se lamentó por el poco tiempo que
la estadounidense estuvo en el escenario, ya que en otros festivales su performance
fue más prolongada; detalle que Lana Del Rey se encargó de aclarar y que fue un
sutil dardo a la organización del Planeta Terra. De esta forma, su público huyó
en masa cuando el show concluyó, lo cual dejó un puñado de asistentes
distribuidos en los dos sectores a la espera del gran cierre con Beck Hansen. Pudo
ser un gran papelón si no fuese que abrieron las puertas del campo para
permitir al público acceder a la zona del VIP que quedó colmada.
Sin embargo, poco
importaban la fallas porque cerca de las 24 apareció un joven de sombrero con
su guitarra en compañía de su banda de desfachatados, entre ellos, el
carismático bajista Justin Meldal-Johnsen, para empezar sin anestesia con Devil’s Haircut, y continuar con una
seguidilla de grandes temas de su consagrado Odelay (1996). Por ello, el californiano incitó al descontrol con
su delirante Novacane y encantó con
su psycho-country Loser para entonar
junto a todo Tecnópolis ese himno al pesimismo: “Soy un perdedor, i’m a loser
baby so why don’t you kill me?”.
Beck se encargó abordar
casi toda su carrera y resultó curioso encontrar ciertos temas en el setlist
que parecían algo disparatados: piezas perdidas como Hotwax, Sissineck, Debra o Get a Real Paid. Incluso, con el arengue del público, el
estadounidense se animó a entonar y bailar Billie
Jean, de Michael Jackson. No fue el único cover de la noche que se deslizó entre
alguno de sus temas, ya que junto a Modern
Guilt entonó Tainted Love de
Gloria Jones.
Otro de los discos más
revisitados por Beck fue su anteúltimo trabajo Güero (2005) del cual se desprendieron grandes canciones como E-pro, Qué Onda Güero, Girl y Black Tambourine. Sin embargo, la perla más
esperada de la noche sonó en su cierre para delirar con la lírica y melódica Where It's At?, canción realmente define
el sonido y estilo del californiano.
En líneas generales, Beck tuvo un valor agregado en
su show al recorrer piezas exóticas de su discografía, pero pudieron detectarse
algunas desprolijidades que, si bien puede ser una característica del músico,
resultaron como un excesivo abuso de ese recurso. La noche del Planeta Terra
regaló un show íntimo por dos factores: el horario en el que se cerró el
festival (alrededor de la 1.30) y las hordas adolescentes que vaciaron
prácticamente el predio luego de la performance de la cantante neoyorquina.Nota publicada en ULTRABRIT # 6