8 de noviembre de 2013

Babasónicos: Romantisísmico

Una de las bandas más importantes del rock nacional volvió con su undécimo disco de estudio que los trajo de regreso a Sony: la discográfica que los vio nacer, revolverse y experimentar durante unos casi diez años previos al boom que los llevó al éxito comercial. Por ello, se puede afirmar que lograron construir una carrera llena de aristas de la cual pueden jactarse y que ubica a la banda Made in Lanus como una de las propuestas musicales más vanguardistas de la escena latinoamericana.

Para demostrar su constante reinvención, Babasónicos suspiró hondo y arrojó un cóctel incendiario de sonidos que, fiel a su estilo, incluye esas punzantes y ambiguas historias de personajes que, en clave glamorosa y seductora, se condensan en las doce canciones que componen Romantisísmico. Una planificación diabólica en la que uno se mantiene prudente frente a las nuevas complejidades sonoras, que acosan pero se entregan a un gozoso proceso digestivo para el oído.
Las claves de esta gran obra son sencillas: la reconciliación con su trayectoria, la definición de Carca como multiinstrumentista y Tuta Torres como responsable del bajo. Y desde ya, siempre es fundamental la participación de alguien que ya es habitué en la mezcla de sus últimos tres álbumes: el reconocido productor Phil Brown. Sin dudas, el inglés es un valor agregado fundamental que sabe reconocer y potenciar: por un lado, la contundencia de la guitarra de Mariano Roger, siempre preciso en sus arreglos y en la mixturas de sonidos; y, por otro, la construcción de atmósferas sublimes, a cargo de las programaciones de Diego Tuñon.
Como una declaración de principios, La Lanza abre el disco para anunciarse entre pesimistas y clavarse en los oídos con su melodía electro pop pegadiza que, si bien al principio genera cierta distancia, el paso de los días la encuentra instalada en tu reproductor de música. Por ello, Romantisísmico dispone una mecha inflamable al tacto para detonar su contenido, de manera contundente, en las brillantes melodías de Run run y Burócratas del amor. Un juego de suavidad y agresividad puede encontrarse en la oscuridad de Humo, que abruptamente suaviza el tono y nos suelta la mano en Casi, una de las piezas más bellas con un dejo de escepticismo en su lírica.
Babasónicos siempre supo construir una mística propia en cada disco y, en este caso, no fue excepción, al evocar desde las profundidades de la mitología rockera la figura de un dios nórdico en El baile de Odín. Con un recurrente riff agresivo que, por momentos, pareciese reflejar un ritual, este tema resulta ser una clara observación de campo sobre las admiradoras y esa práctica de anulación de la dicotomía artista/espectador. Este recurso que Dárgelos suele contemplar para reducir distancias entre figuras mitológicas con historias y vivencias que acontecen en los shows, los envuelve y les da entidad dentro de un aura literaria, como aquel duende del rock invocado en Anoche (2005). En tanto, desde la figura del tema Paisano se desenvuelven los periplos de un personaje errante y, a su vez, emancipado del mandato social por el cual es perseguido. Con la participación en diálogo vocal con Carca, esta canción es una historia más de detractores dentro del mismo estilo de Desfachatados de Miami (1999) y de Cuello Rojo de Mucho (2008).
Babasónicos vuelve a la provocación no solamente por la capacidad literaria que Adrián Dárgelos desarrolla con habilidad y talento, sino por la confrontación de líneas melódicas que se tensionan. Por ello, se puede reconocer la familiaridad de sonidos más pesados y oscuros presentes en discos como Vedette (2000), Babasónica (1997) y Dopádromo (1996) para complementar esa búsqueda constante de nuevas formas sonoras.
Romantisísmico desata una fiera dentro del oyente para desestabilizarlo, confundirlo, demostrar que nada está dicho y que siempre existen nuevas posibilidades de convivir en los vaivenes del rock. Por este motivo y hacia el final, la banda baja el caudal de decibeles para confundirse, a los lejos, con una línea armónica y dulce en la sensibilidad de Celofán: una suavidad que Dárgelos sabe interpretar desde su entonación y en el énfasis de las palabras, para alejarse en un relajado fade out.    

Nota publicada en ULTRABRIT # 6