Una de las bandas más
importantes del rock nacional volvió con su undécimo disco de estudio que los trajo
de regreso a Sony: la discográfica que los vio nacer, revolverse y experimentar
durante unos casi diez años previos al boom
que los llevó al éxito comercial. Por ello, se puede afirmar que lograron
construir una carrera llena de aristas de la cual pueden jactarse y que ubica a
la banda Made in Lanus como una de
las propuestas musicales más vanguardistas de la escena latinoamericana.
Para demostrar su
constante reinvención, Babasónicos suspiró hondo y arrojó un cóctel incendiario
de sonidos que, fiel a su estilo, incluye esas punzantes y ambiguas historias
de personajes que, en clave glamorosa y seductora, se condensan en las doce
canciones que componen Romantisísmico.
Una planificación diabólica en la que uno se mantiene prudente frente a las nuevas
complejidades sonoras, que acosan pero se entregan a un gozoso proceso
digestivo para el oído.
Las claves de esta gran
obra son sencillas: la reconciliación con su trayectoria, la definición de
Carca como multiinstrumentista y Tuta
Torres como responsable del bajo. Y desde ya, siempre es fundamental la
participación de alguien que ya es habitué en la mezcla de sus últimos tres
álbumes: el reconocido productor Phil Brown. Sin dudas, el inglés es un valor agregado
fundamental que sabe reconocer y potenciar: por un lado, la contundencia de la
guitarra de Mariano Roger, siempre preciso en sus arreglos y en la mixturas de
sonidos; y, por otro, la construcción de atmósferas sublimes, a cargo de las
programaciones de Diego Tuñon.
Como una declaración de
principios, La Lanza abre el disco
para anunciarse entre pesimistas y clavarse en los oídos con su melodía electro
pop pegadiza que, si bien al principio genera cierta distancia, el paso de los
días la encuentra instalada en tu reproductor de música. Por ello, Romantisísmico dispone una mecha
inflamable al tacto para detonar su contenido, de manera contundente, en las brillantes
melodías de Run run y Burócratas del amor. Un juego de
suavidad y agresividad puede encontrarse en la oscuridad de Humo, que abruptamente suaviza el tono y
nos suelta la mano en Casi, una de
las piezas más bellas con un dejo de escepticismo en su lírica.
Babasónicos siempre supo
construir una mística propia en cada disco y, en este caso, no fue excepción,
al evocar desde las profundidades de la mitología rockera la figura de un dios
nórdico en El baile de Odín. Con un recurrente
riff agresivo que, por momentos, pareciese reflejar un ritual, este tema
resulta ser una clara observación de campo sobre las admiradoras y esa práctica
de anulación de la dicotomía artista/espectador. Este recurso que Dárgelos
suele contemplar para reducir distancias entre figuras mitológicas con
historias y vivencias que acontecen en los shows, los envuelve y les da entidad
dentro de un aura literaria, como aquel duende del rock invocado en Anoche (2005). En tanto, desde la figura
del tema Paisano se desenvuelven los
periplos de un personaje errante y, a su vez, emancipado del mandato social por
el cual es perseguido. Con la participación en diálogo vocal con Carca, esta
canción es una historia más de detractores dentro del mismo estilo de Desfachatados de Miami (1999) y de Cuello Rojo
de Mucho (2008).
Babasónicos vuelve a la
provocación no solamente por la capacidad literaria que Adrián Dárgelos
desarrolla con habilidad y talento, sino por la confrontación de líneas
melódicas que se tensionan. Por ello, se puede reconocer la familiaridad de
sonidos más pesados y oscuros presentes en discos como Vedette (2000), Babasónica
(1997) y Dopádromo (1996) para complementar
esa búsqueda constante de nuevas formas sonoras.
Romantisísmico desata una fiera dentro del oyente para desestabilizarlo,
confundirlo, demostrar que nada está dicho y que siempre existen nuevas
posibilidades de convivir en los vaivenes del rock. Por este motivo y hacia el
final, la banda baja el caudal de decibeles para confundirse, a los lejos, con
una línea armónica y dulce en la sensibilidad de Celofán: una suavidad que Dárgelos sabe interpretar desde su
entonación y en el énfasis de las palabras, para alejarse en un relajado fade out. Nota publicada en ULTRABRIT # 6