La tarde dominguera triste y fría de Buenos Aires cerca de parecerse a algún retrato de los que dibuja una lírica tanguera, fue una inyección de energía a muchos de los que salieron a la calle y se dirigieron a la zona palermitana de Plaza Italia. Como el año anterior, el gobierno porteño organizó un acto musical acompañando el marco de la tradicional Feria del Libro y que si bien tenía algunos tintes de tributo u homenaje (lo cual fue), Pedro Aznar subió al escenario con su guitarra y un espíritu de celebración que a modo de rezo denominó “Puentes Amarillos”, un espacio que devino un nexo a la figura y memoria de Luis Alberto Spinetta.
Alrededor de 50 mil personas se apostaron en avenida Sarmiento (algunos de pie, otros en sillas) y gozaron de un repaso por la discografía de Spinetta en su etapa con Almendra, Pescado Rabioso, Invisble, Spinetta Jade como también en su período solista. Acompañado de Andrés Beeuwsaert en teclados y de Héctor “Pomo” Lorenzo (de Invisible) en batería, Aznar incluyó en su repertorio canciones como “Tema de Pototo”, “Figuraciones”, “Cantata de Puentes Amarillos”, “Todas las hojas son del viento”, “El Anillo del Capitán Beto”, “Que ves el viento”, “Los libros de la buena memoria”, “Niño condenado”, “Durazno Sangrando”, “Sexo”, entre otras grandes obras del artista fallecido el 8 de febrero pasado.
El pico de la noche ocurrió cuando el ex Serú Girán interpretó la fabulosa “Barro, tal vez”, del disco solista Kamikazee, con la participación de la cantante Roxana Amed. Sin ninguna duda el momento más emotivo fue en el ocaso del show en el que el público entonó los versos de “Muchacha” del disco Almendra. 50 mil personas diciéndole: “¡Gracias!”.
UN ABRAZO MÁS*
Necesitaba darle un abrazo más a Luis. Y esta fue la manera, con la ayuda de cien mil brazos.
Hay un silencio pregnante, esta tarde, en mi casa. Todo está cargado de presencia. Anoche tenía un remolino en el pecho, después del concierto, que sólo se pudo ir aflojando al leer los hermosos comentarios que ustedes dejaron, y las lágrimas que refrené para poder cantar empezaron a salir.
Dicen que hoy es, en el hemisferio sur, el día en que el velo entre los mundos es más delgado y permeable. Este es el día en que se honra a los que ya hicieron el tránsito hacia el más allá. Notablemente, unas semanas antes, me surgió nombrar este concierto "Puentes Amarillos" no sólo por citar la hermosa imagen de una de las canciones más importantes de Luis, sino porque me gustaba la idea que, ya desde el título, intentara tender un puente que le alcanzara ese abrazo adonde fuera que estuviese.
El momento en que ustedes le cantaron "Muchacha..." fue exactamente eso. Un puente. El velo se abrió, seguramente, y él los debe haber escuchado cantar con el corazón abierto. Esa es la más grande recompensa para un músico, para un poeta: hacerse voz del corazón de todos.
Gracias por haber estado ahí, gracias por haberlo seguido desde tantos rincones del mundo, gracias por ayudarme a abrazar. Todavía tengo más lágrimas que soltar hasta poder dimensionar lo que pasó anoche. Ojalá Luis lo haya recibido.
Un abrazo agradecido para ustedes también.
Pedro
*Texto y foto extraídos de la página de Facebook de Pedro Aznar
