6 de abril de 2012

Foo Fighters en Argentina: la furia que arrasó el Quilmes Rock


En veinte años de carrera, Foo Fighters hizo su primera presentación (de dos) en Buenos Aires en el marco del festival Quilmes Rock 2012 como coronación de una tarde en la que desfilaron diferentes artistas estadounidenses. El ambiente estaba caldeado a la espera de explotar con los alaridos de Dave Grohl, la furia de las guitarras de Chris Shiflett y Pat Smear, la carismática serenidad del bajo de Nate Mendel y el derroche de potencia y energía del baterista Taylor Hawkins.

21.15 horas. Queda inaugurado el show con “Bridge burning” del disco Wasting Lights, a partir del cual girará la mayoría del repertorio de la banda como también un gran repaso por su carrera prometiendo “tocarlo todo”, en deuda con la retrasada visita de esta banda de Seattle. Por ello, el ex Nirvana dio todo lo mejor de sí, demostró ser un gran showman haciéndose cargo de las diversas emociones que recorrieron por dentro a cada uno de los que asistieron. Quizás haya sido un gran orgasmo; o bien, una cagada a palos que mantuvo a más de 35 mil almas a puro vértigo y éxtasis en casi tres horas de recital.
No tardaron en llegar los clásicos de la banda como “Learn to fly”, “Breakout”, “Big me” del primer disco homónimo, “Stacked actors”, entre otros; a los que se sumaron algunos covers como “Run to the Hills” de Iron Maiden, “Rockaway Beach” de The Ramones e “In the Flesh?” de Pink Floyd que sumaron una mixtura interesante a la propuesta de los Foo Fighters, quienes se encontraron interrumpidos varias veces por la devolución del público arengando permanentemente a la banda o coreando los riffs y solos de guitarra.
Quizás los momentos donde la tensión decaía, se entienden como períodos de reposo donde el mismo público ya no resistía tanta fuerza que recorrió a cada milímetro de éter dentro de River Plate. Agujeros negros que se conformaban en mares de carne humana donde los rasguidos de Grohl dibujaban el relieve y la posibilidad de accidente, como un científico alterando las sustancias y probando el resultado de ese hermoso coctel caótico. Se puede decir que el propio estadio y el barrio que lo rodea pudieron sobrevivir a tanta densidad de sonido.
El diálogo con el público fue permanente, el ex Nirvana supo aplicar con gran eficacia esa actitud suelta y cómplice en gestos y expresiones que supo darle a la banda su cuota de familiaridad y de aceptación en los oídos y ojos de los que amamos al rock. También, el baterista Taylor Hawkins se integró a esta comunión sagrada siendo mano de derecha de Dave Grohl y arengando con las vocalizaciones al estilo “Freddie Mercury” a todo el estadio.
Noche ideal, cosa que no ocurrió al día siguiente con la bendita tormenta, que configuró un espacio de pleno goce auditivo en la que las almas que poblaron el estadios sublimaron al grito de canciones furiosas como “All my life” para cerrar una primera parte del recital, como también evocar el espíritu de Kurt Cobain y orar de manera desgarrada en “The best of you”.

Muy agradecido y sorprendido por la intensidad que demostró el público local, Grohl devolvió ese gesto con grandes y exageradas dosis de rock que recorrieron gran parte de su discografía y la gran mayoría de la lista de canciones (“Rope”, “White Limo”, “These days”, “Arlandria”, entre otros) que integran su última placa Wasting Light. Al cierre, luego de "Time like these", la banda invitó a sumarse en los bises a Joan Jett para homenajear “la inspiración” que genera –en palabras propias de Grohl- y empezar a despedirse con “Bad reputation”, momento en el que la cantante de 53 años fue ovacionada. Chau Foo Fighters, se lamentaba el público mientras la banda se despedía con “Everlong”.

Fotos: Vorterix.com y Rollingstone.com.ar