¿Será acaso un milagro lo ocurrido en el Luna Park? Resulta
un tanto complicado poder explicar las sensaciones que circulan en la atmósfera
del estadio ante la ansiedad de que estas tres leyendas vivientes pisen el
escenario para invitar, a una gran mayoría del público, a la evocación de grandes
momentos de una juventud, actor fundamental en esa época dorada de la música
contemporánea. Por ello, es que arrastrado por esta marea de expectativas, se
pudo sentir un aura especial que rodeó los relatos de un grupo de jóvenes que
alguna vez se animaron a tratar la problemáticas de la generación “Woodstock”.
Tres hombres sexagenarios dicen ser David Crosby
(proveniente de The Byrds, esos que colaboraron en la obra beatle), Stephen Stills (proveniente de Buffalo Springfield) y el británico Graham Nash (de TheHollies) que sorprendieron por su pureza y humildad en la interpretación de
maravillosas canciones de tinte folk, rockanroleras y bluseras ante unas 20 mil
personas con edades desde los veintipico hasta casi los 70 años. Y es claro que
la magia no se extingue por los años ni siquiera por el leve deterioro de la
voz de Stills, quien supo compensar con una misión difícil que fue la de
dominar, disciplinar pero a la vez hacer rabiar a su guitarra. Furia
incontenible, con lentes o sin lentes, el exBuffalo Springfield despachó con
lo mejor de su habilidad para no sólo revolver la vísceras de cada uno de los
presentes sino también sedar los oídos y saciar esa sed de rock.
Unas melodías fantásticas y de ensueño propuestas por las
diferentes canciones y composiciones de estas tres leyendas del rock (sin
olvidar a Neil Young) que supieron distribuir la tareas para lograr un
espectáculo impactante que dio inicio con “Carry On” y apelar a la atención de
nuestra sensibilidad para relajarnos en el trabajo armonioso de estas tres
voces. No cabe dudas de este lago e influencia en algunos oyentes que
asistieron como Charly García, Nito Mestre y Leon Gieco, entre otros grandes
músicos locales, quienes se sumaron a la euforia generada por la interpretación
de clásicos de la banda como “Wooden Ships”, la blusera “Almost cut my hair”, “Our
house”, “Teach your children”, “Long time gone”, a los que sumaron temas
propios de Nash como “In your name” o “Military Madness” y algunos covers de
Buffalo Springfield como “Bluebird”.
Se pudo apreciar de manera tan viva el sonido folk de la
costa oeste, cuna y auge del movimiento hippie, momento culmine cuando estos
integrantes de grandes bandas de los sesenta empatizaron y formaron el primer
“Supergrupo” de la historia del rock o al menos de la cultura musical de los
jóvenes de aquel entonces. Claro está que al segundo disco de Crosby, Stills and Nash, se suma la figura
de Neil Young quien ya había formado parte de Buffalo Springfield y producen su
gran obra maestra Deja Vu. En tanto, hoy el trío se encuentra respaldado por
grandes talentos musicales como Todd Caldwell (órgano), Steve Distanislao
(batería), Shane Fontayne (guitarra), Kevin McCormick (bajo) y James Raymond
(teclados).
Parte de la generación de Woodstock, el trío formó parte del
line up de artistas que desfilaron y conformaron un acontecimiento histórico,
una cachetada generacional en una coyuntura mundial rodeada de tufillo bélico
contra los rusos y abuso desproporcionado en Vietnam. Crosby, Stills and Nash
lograron mantener viva esa mística epocal durante estas cuatro décadas,
esparciendo su mensaje de paz y desarrollando conceptos prolijos musicales
integrando diferentes vertientes (blues, folk, rock and roll) que condimentaron
lo que se conoce como rock.
Por eso, vale la pena mencionar y destacar su presencia a
pesar de que el Luna Park haya mostrado algunos huecos grandes, estos mismos
que la música del trío no sólo tapó sino que sembró su mensaje, climatizó el espacio en
un gran paisaje armonioso para descansar los nervios de este andar por la vida.
No se iban más, el público los pidió para que se queden. Tras dos horas y media
de recital, Crosby, Stills and Nash ofrecieron sólo una más para regresar a casa tranquilos y se despidieron
con "Suite: Judy Blue Eyes”. El milagro ya estaba hecho.
