“Tony got me dancing” fue
el punto cero de la onda expansiva de la creación que dio lugar a la
conformación de otro planeta dentro de la galaxia Damon Albarn. Tan solo una
frase recitada en la canción “Music is my radar” de Blur con un contenido
importante, desde lo musical en conexión con una referencia ineludible.
Mientras la banda terminaba de dar forma, allá por el 2000, a lo que fue su
disco de grandes éxitos y sumaba una nueva pieza como novedad, su inquieto
líder volvía renovado luego de un viaje de inmersión por tierras africanas con base
en la ciudad de Lagos, capital de Nigeria. Maravillado por la versatilidad de
ritmos que descubrió y momentos que compartió con muchos de sus músicos, Albarn
encontró cierta conexión en esa tierra, experiencia similar a la de The Beatles
en India.
Aquí se produce el
encuentro con aquel “Tony”, ni más ni menos que Tony Allen, baterista de la
míticas bandas Koola Lobitos y Afrika 70 junto a Fela Kuti, quienes promovieron
y proporcionaron una mixtura de ritmos africanos en constante coqueteo con el jazz
y el funk: crean e impulsan el Afrobeat. El músico nigeriano contactó a Damon
Albarn para participar de un concierto en Paris y colaborar posteriormente en
su disco solista Home Cooking
(2002).
Otra alineación de
planetas insinúa destacar la diferentes conexiones que fueron llevando a la
conjunción de personalidades cruciales dentro de los últimos treinta años de
música británica, entre ellas, la aparición de Simon Tong, guitarrista y
tecladista de The Verve, que conforma una pieza fundamental en la grabación y
preparación de Urban Hymns (1998).
Sin embargo, poco tiempo después las continuas tormentas entre los integrantes,
volvieron para concluir en la disolución de la agrupación de Wigan, lo cual
dejó a Tong desolado en busca de otras propuestas. Las causalidades fueron
alineando las estrellas, ya que la partida de Graham Coxon movió de urgencia
los demás integrantes de Blur en búsqueda de alguien que pueda suplir esa
ausencia en la gira para presenciar el disco Think Tank (2003).
La conexión territorial
Mientras tanto, bajo la
mirada del gran productor Danger Mouse, Albarn trabaja en las grabaciones de Demon days, segundo trabajo de Gorillaz,
que contó con la participación de Tong.
Como gran afluente de
ideas, la voz de Blur viaja a Nigeria para repetir un encuentro con músicos
africanos, luego de una primera experiencia con el trabajo realizado en Mali music (2002), tomando foco en las
sesiones junto a Simon Tong y Tony Allen en los estudios de grabación Afrodisia Studios (utilizados alguna
vez por Afrika 70). De allí, surgen unas primeras grabaciones que quedan a
disposición del reconocido productor Danger Mouse, mientras Albarn terminaba de
cerrar detalles de la grabación de Demon
days de Gorillaz.
Al retomar este trabajo
nuevamente, el primer boceto incorporó gradualmente un mayor nivel de
creatividad y de solidez en sus composiciones para adquirir una sutil sensibilidad
a partir de la pluma de Albarn, quien supo ahondar la crítica y la reflexión en
la lírica de sus discos. Sin embargo, este pequeño universo se completa —–y se
diversifica, a su vez—- con otra personalidad que aportó su sapiencia a estas
ideas: aparece la figura del ex Clash Paul Simonon, quien se encontraba
dedicado a la pintura y llevaba alrededor de una década sin trabajar en la
música. Estas sesiones fueron tomando curso a lo largo del 2005 y 2006 para
concluir este boceto con un conjunto de piezas titulado The Good, The Bad and The Queen. Un espectáculo auditivo que
sublima los sentidos, los relaja y envuelve en las reflexiones que propone el
líder de Blur al buscar un relato diacrónico entre una ciudad de Londres del
siglo XVIII y la actual.
Un punto en común que rozó
sensiblemente a los integrantes, sobre todo a Simonon y Albarn, fue compartir
el vecindario (considerado una zona de diversidad poblacional del oeste
londinense). Una multiplicidad cultural que logró su reflejo y correlato en el
tratamiento de diferentes ritmos para poder abordar temáticas y/o problemáticas
afines a la figura del “ser inglés”, urbano y de la capital.
Entonces, todo este
trabajo fue buscando un punto de fuga, y uno de esos primeros espacios tuvo
lugar el 20 de octubre de 2006 en el pequeño pub Pig’s nose, ubicado en East
Prawle (Devon), ante una audiencia de alrededor de 150 personas. Esta puesta en
escena sumó intensidad a la semana, cuando tocaron el disco completo en el
Roundhouse de Londres para el programa Electric’s Proms de la cadena BBC, días
antes de la salida de su primer sencillo “Herculean”.
Una estética conformada
por sacos largos y sombreros antiguos junto a fetiches que coronan este
territorio que construyeron y que también los enajena, siempre con la
referencia a la ciudad que los encontró: Londres. El mismo Simonon lleva
colgada una llave alrededor de su cuello sobre la cual, cuando se le preguntó
qué significaba, el ex Clash aclaró: “Es tan solo un recordatorio de que tuve
que dejar mi hogar”. Un primer acercamiento a su público los fue llevando por
los escenarios de Gran Bretaña, primero, para luego inducir su propuesta en
algunas otras grandes ciudades europeas. Un 22 de enero de 2007 hace la
flamante aparición el disco con el nombre The Good, The Bad and The Queen pero
sin un nombre que identifique a la banda. Un lanzamiento que fue de la mano con
el segundo corte de difusión “Kingdom of Doom, el cual encontró su reflejo en
un videoclip que toma nota de una situación cotidiana, en la que la banda se
junta a preparar una comida.
La buena respuesta de la
prensa ante semejante trabajo llevó a los músicos a conseguir el disco de oro
en el Reino Unido y expandir su recorrido en suelo norteamericano, con el logro
de doblegar sus poblaciones bajo la mística de sus sonidos. Mientras que, meses
después, a principios de abril de ese año, lanzan su tercer y último sencillo:
“Green Fields”, que los impulsa a brindar más conciertos por diferentes
festivales como Lattitude o Primavera Sound para luego amenizar la marcha y
poner una pausa.
Considerado entre los mejores
álbumes del año por varios medios especializados del Reino Unido, los
integrantes se dedicaron a continuar con sus proyectos personales e intervienen
esporádicamente en grandes eventos con fines sociales, entre ellos, sus dos
últimas presentaciones. Tanto Damon Albarn como Paul Simonon expresan
abiertamente su posición política y, en el caso del ex Clash, su activismo, ya
que participó, en junio de ese año, en una manifestación de Greenpeace y fue detenido
por unos días.
Se anunciaron dos últimos
conciertos para el 10 de noviembre de 2011 en el marco de los 40 años de lucha
de Greenpeace: un primer show sobre un bote de la organización ambientalista en
medio del Río Támesis por la tarde; mientras que, por la noche, la banda brindó
un recital en el Coronet de Londres. Por el momento, estos puntos suspensivos
en presentaciones o trabajos nuevos parecen que se prolongarán en el tiempo.
Respecto al devenir de la obra
The Good, The Bad and The
Queen es un trabajo brillante que Damon una vez definió como “un sucesor del
Parklife de Blur” y que reescribe acontecimientos actuales para iluminar, desde
la crítica y la melancolía, episodios de la vida moderna de Londres, tal como
el “sufragio” de una ballena en las aguas del río Támesis, y que plasmó esa
confusión y desolación en “Northern Whale”. Así también, la paranoia y
decepción en la lírica anti bélica de “Kingdom of doom”, como repudio a la participación
de Gran Bretaña en la guerra contra Irak. Sin embargo, ante todo da curso a
toda esta obra “History song”, que desmorona nuestras impresiones previas y así
domestica la ansiedad y el oído. Una guitarra acústica, muy cercana a nosotros,
nos va indicando las pistas que pueden ayudar a descifrar el recorrido que este
grupo de talentos propone con composiciones de tinte folk con algo de jazz y
afrobeat.
Por ello, se pueden
encontrar piezas majestuosas al oído del melómano como “Green Fields” o “Three
Changes”, para quedar rendido a Damon Albarn y reconocerlo como uno de los
mejores compositores y letristas de los últimos 20 años. En tanto, el final del
disco se esfuma en la neblina con The
Good, The Bad and The Queen, una certera síntesis del disco como, así también,
un proceso de conversión de los músicos.
Además de varios músicos
que participaron en los arreglos orquestales, el propio productor Brian Burton
(Danger Mouse) intervino con aportes en percusión y sintetizadores para
encauzar y poder llevar adelante este proyecto. En tanto, Simonon también se encargó
de poder dar un anclaje visual a las canciones a partir de diferentes
ilustraciones que fue creando y que se inmortalizaron en el booklet del álbum,
sin dejar de lado otros dibujos que Albarn, junto a Jamie Hewlett (animador de
Gorillaz), idearon en la contratapa.
Un trabajo que trascendió a
la propia banda que, lejos de tomar el mote de supergrupo, aleja esas etiquetas
beneficiosas para la industria y somete sus cuerpos a un gran trabajo
experimental y conceptual que los absorbe. Sólo se identificaron por su obra,
diluyeron sus individualidades para lograr una alquimia que los toma de poseso
en un reino promotor de caos.
Nota publicada en revista ULTRABRIT # 5