31 de agosto de 2013

Primal Scream: More Light

Sin ninguna duda, Primal Scream es una de la bandas más interesantes y vanguardistas que pudo salir de Gran Bretaña y, vale aclarar, puntualmente de Escocia. Luego de su extraordinaria gira en la que decidió evocar y celebrar el espíritu de Screamadelica y que lo tuvo por Buenos Aires un 28 de septiembre de 2011, volvió a los estudios con la idea de preparar el trabajo de su décimo disco con algunos cambios que dieron forma al proceso de grabación. El primero de ellos fue la partida de Mani Mounfield  con la grata excusa de  la reunión de los Stone Roses. No obstante, sin perder tiempo y concreto en sus decisiones, Gillespie dio lugar a la bella bajista Simone Butler. 

Cabe reflexionar, este hueco de cinco años desde su antecesor Beautiful Future (2008) para la vuelta a Screamadelica permitió alternar los aires para reencontrarse con algunos sonidos o ritmos que habían quedado en el arcón de los recuerdos y que, sin tomar el protagonismo, formaron parte de esta nueva mixtura musical. Así es que More Light tomó forma y anunció su salida explosiva con la magnífica “2013”: una sinfonía de 10 minutos sobre la decadencia social de esta posmodernidad, un sonido vertiginoso que seduce desde las primeras líneas de un saxo que se agita y desgarra, al igual  que la voz de Bobby Gillespie mientras nos adentra en un panorama desolador y sombrío de una sociedad alienada. 
Acostumbrados a la versatilidad en su sonido y en la apuesta a nuevos horizontes sonores, More Light se comprende en la fusión de escenas y espacios comunes en un mundo de desigualdad y exclusión que se impregna en de prolíficas composiciones, a partir de la incorporación de ciertos sonidos étnicos que moldea y coordina las diferentes almas que toman se dan cita en cada track, en cada melodía. Con la apertura desgarrante de “2013” a modo de secuela nos vamos hundiendo en el sonido hipnótico de “Rivers of pain” que funciona como un pseudo-­‐mantra, quizás una composición excelente que recuerda por momentos el maravilloso Islands de King Crimson; invocación a la psicodelia que también se percibe en la geografía trazada por “Relativity”, más adelante y hacia el final del álbum. Asimismo, More light hace su paso intenso pero sin encandilar en temas como las caóticas “Culturecide” o “Invisible city”. 
Por tanto, los pasajes sonoros sublimes son varios pero en algunos, ciertos detalles paran la atención del oyente como en  “Elimination blues”, al contar con la intervención de Robert Plant en algunas líneas líricas, seducción pura desde sus clichés vocales para una pieza de tinte zeppeliniana. 
En su mayor recorrido, el disco encuentra al oyente en espacios electrónicos similares a los de Vanishing point o Evil Heat en temas como “Hit void”, “Tenement Kid”, “Side man” o “Turn each other inside out”.
Hacia el final, la agresividad se apaga para dar lugar a la suavidad, cual paño de terciopelo, que envuelve este flujo musical y relajar el espíritu en “Walking with the Beast” e inyectar optimismo en “It`s Alright. It’s Ok”. Un cierre motivador de profundidad política en su lírica en la línea góspel de Screamadelica, algo similiar a “Movin’ on up” y que a su vez nos acerca al clásico “Simpathy for the devil” de The Rolling Stones. 

De esta manera, comprender More Light no implicaría en la búsqueda puntual de algún corte exitos sino en abordar desde la complejidad de un todo: una gran joya que se perfila a ser lo mejor del año. Así fue la apuesta transgresora con su primer corte, muy cerca de la perfección.

Nota publicada en revista ULTRABRIT # 5