2 de abril de 2014

Vampire Weekend en Lollapalooza: un delicado trago sin alcohol

PH Anabella Nolasco
Luego de su paso por un festival en 2011, Vampire Weekend tuvo su segundo encuentro con el público argentino desde el Main Stage 2 de Lollapalooza para brindar un repertorio variado y que se nutrió de sus tres trabajos de estudio: Vampire Weekend (2008), Contra (2010) y Modern Vampires of the City (2013). Con una performance prolija, los neoyorquinos fueron, quizás, el momento más atractivo en ese horario, lo que les permitió disponer de una gran convocatoria de curiosos y flaneurs del evento.

La banda liderada por Ezra Koenig capitalizó esa diferencia musical que los aleja de la tradición musical neoyorquina, al generar una suerte de indie pop que brega por cierta experimentación al coquetear, por momentos, con ciertos ritmos étnicos. Por ello, más allá de la etiqueta que, en definitiva, delimita un sonido novedoso e insípido  a la vez, en su puesta en escena pudieron apreciarse con notoriedad los acertados arreglos de teclado de Rostam Batmanglij, que completan y dan vida a algunas melodías.
Otro punto a destacar en la performance de los neoyorquinos fue la autoridad con la que su bajista Chris Baio contuvo esa dosis en gotas de la fuerza que permitió levantar el show. A lo largo del escenario y sin excentricidades estéticas, el bajista se dedico a bailar cada una de las canciones a la par de la contundencia con las que operaba desde las cuatro cuerdas.

Quizás, con suspicacia, Vampire Weekend se reservó los momentos más interesantes para el final, luego de la insoportable Ya Hey, cuando empezó a sonar Campus y continuaron la exposición de sus virtudes con Oxford Comma, Giving Up The Gun y la bella Hanna Hunt. Por supuesto, la existencia de una sobriedad que pareciera intentar desquebrajarse es una promesa trunca y constante que apenas toca cierto grado de realidad en su despedida con Walcott.