1 de abril de 2014

Cage The Elephant en Lollapalooza: "Matt, nunca dejes la cocaína"

Dentro del novedoso abanico de posibilidades que se pudo apreciar en la versión argentina de Lollapalooza, a las 16:00, se generó un fuerte punto magnético en el Main Stage 2 con la salida arrogante y brutal de Cage The Elephant. Apenas unas miradas funcionaron como saludo para dedicarse a exprimir su hora con frenesí y revolver la pasividad del público al echar ruedo con Spiderhead, de su brillante placa Melophobia (2013).

Este sexteto de Kentucky vaciló muy poco en intentar lograr empatía con el público local y se valió de una arrolladora confianza en un setlist de canciones que desparraman frescura, cierto espíritu garage y unos estribillos conmovedores. Esta vertiginosidad propuesta desde la guitarra centelleante de Lincoln Parish se completaba con el carisma de Matt Shultz, quien, en un estado de posesión similar a los de Iggy Pop, fundió su consigna de generar una experiencia real frente a tanta música plástica para sumergirse en un abrazo profundo con su público deslizando su cuerpo entre las masas.
Por ello, en esta segunda vuelta (la primera visita fue en 2011), la banda que, además, logró hacerse de una fecha de los sideshows del festival, se permitió realizar un concierto compacto y demoledor que, en poco tiempo, puede dejar exhausta a cualquier alma errante y curiosa dentro del predio.
Cage The Elephant vino a poner fuerza a una tarde radiante en el Hipódromo de San Isidro, desde las angustias que pueden indagarse en algunos temas que recorren su discografía (Cage The Elephant [2008], Thank You Happy Birhday [2011] y Melophobia [2013]) como las nostalgias y alegrías que tienden a un estado psicodélico como en Come a little closer.

Este breve set se completó con Shake Me Down y Sabertooth Tiger de su primer álbum para finalizar en plena explosión con un Matt Shultz surfeando sobre una marea humana mientras Brad Schultz hace estallar su guitarra fuera del escenario. Los estadounidenses fueron contundentes con un sonido pulido que los identifica y los mantiene en el sendero a la gloria.