La noche no parecía convencer demasiado a uno para dirigirse
a un espacio cerrado. Muchos menos en ese microcentro que suda en cada una de
sus arterias y que realmente sofoca al transeúnte con el simple hecho de
recorrer alguna de sus cuadras desoladoras. Sin embargo, una generación
irrumpió el sábado a la noche en una de los espacios tradicionales de Buenos
Aires: la suntuosa Confitería Ideal. Motivos sobraban y condimentaban el
espíritu de la nostalgia ya que Juana La Loca se propuso emprender la compleja
tarea de revivir un álbum icónico como Electronauta,
su primera placa.
20 años pasaron de ese momento en el que la banda de Rodrigo
Martin se metería en las turbulentas aguas del rock nacional para hacer cuerpo
con encuentros y desencuentros entre sus integrantes, conectándose con grandes
artistas de la talla de Billy Preston o Jimmy Rip, para inmortalizar un puñado
de discos que se fundirán en el imaginarios juvenil de los noventa y principios
de esta primera década.
Las bandas consideran interesante rejuvenecer en su música y
un recursos que se viraliza es recorrer un disco significativo de punta a
punta, respetando el orden, el tiempo y los silencios del mismo. Juana La Loca
consideró propicio conmemorar los 20 años de su primera placa que puede
considerarse una de las primeras en bucear por diferentes texturas sonoras y
que se encontraba influenciada con claridad por el sofisticado sonido de brit
de ese entonces. Un combo de Stone Roses con The Jesus and Mary Chains constituyó
la piedra fundamental para que muchas bandas de ese entonces se propusiera
replantear los pilares del rock nacional con un sonidos fresco y diferente.
Babasónicos, Los Brujos, Martes Menta y Demonios de Tasmania, entre otros, conformaron
una escena algo espontánea que tuvo detrás a ciertos ideólogos como Daniel
Melero y Gustavo Cerati, quienes aplicaron su empiria y alquimia para generar
un cambio de timón dentro de un género musical que había cumplido sus dos
décadas de existencia en esta zona rioplatense.
La noche se consumía en vasos de cerveza en todos aquellas
personas que se apostaban sentados, conservando una inquietante expectativa y
un éxtasis que suele ebullir de un recital de Juana La Loca. Por ello, luego de
un set instrumental a cargo de Los Kahunas, Rodrigo Martín se paseó cerca de
las 2 am saludando a su público y preparando la mente para le reinterpretación
de Electronauta.
Una hora más tarde, la banda oriunda del sur que cuenta con
un elenco renovado y constituido por músicos referentes de otras bandas como
Toddy Tapia, ex bajista de Turf, o el mismísimo Guillermo Coda que también
conserva su puesto de guitarrista en los eternos Peligrosos Gorriones; se
dispuso a iniciar este viaje por el tiempo cuando las primeros sonidos de la
programación para acercar a estos nostálgicos al espíritu del primer track: A la puerta del Sol.
No podía ser de otra manera, el cuerpo se dejó llevar en la
secuencia de ese sonido frenético que seduce e hipnotiza con Mercurio, uno de los clásicos más
cantados entre el público. Líricas reducidas que desde la suavidad de la voz de
Martin brindan paso a una ingeniería sonora que se constituye como el
protagonista de esta obra conceptual.
Desde la batería, Richi se encargó de sostener la potencia
de la banda para y permitir a Rodrigo someter desde su carisma y sumergirse en
un mar de afecto cuando salió del escenario y se mezcló en la euforia eterna de
“gente en una espiral”. Porque este es el plan de Juana La Loca y se conforma
en una “contraofensiva al mal gusto” como pregonó su cantante para desempolvar
estas piezas que pueden conmover y quebrar a los advenedizos y obsecuentes
mercenarios de la música.
El recorrido por los principios de los noventa supuso
encarnarse e inyectarse cada una de las canciones como Cupido, Mi Otoño es
Verde, Ella come Limones y rendirse en Pensando como Langosta. Sin embargo,
hasta ahí no fue todo porque el pogo se multiplicó en Autoejecución, primer
videoclip de la banda y corte de difusión del disco.
Tras el anuncio final que se extiende en los paisajes
sonoros de Periquito gomaespuma y que
nos despiden de Electronauta, la
banda apostó a la decisión de interpretar por primera vez una de las piezas que
fueron excluidas de la selección total del disco. Por ello, tras ese aviso que
hacía sentir a los presentes como testigos privilegiados de este revival,
empezó a sonar Corta mi muerte, una
melodía exacta y reveladora del proceso musical de la banda en ese entonces.
Vino un breve intervalo que abruptamente fue
desplazado con la potencia de Agujeros Negros para continuar con Superman del
mismísimo segundo disco Revolución (1995). Y el final de la noche se diluía en el
clásico Vida Modelo y Viernes a la Noche, para no desanimar a
los presentes y continuar la caravana.