22 de diciembre de 2013

Juana La Loca: la contraofensiva del buen gusto

La noche no parecía convencer demasiado a uno para dirigirse a un espacio cerrado. Muchos menos en ese microcentro que suda en cada una de sus arterias y que realmente sofoca al transeúnte con el simple hecho de recorrer alguna de sus cuadras desoladoras. Sin embargo, una generación irrumpió el sábado a la noche en una de los espacios tradicionales de Buenos Aires: la suntuosa Confitería Ideal. Motivos sobraban y condimentaban el espíritu de la nostalgia ya que Juana La Loca se propuso emprender la compleja tarea de revivir un álbum icónico como Electronauta, su primera placa.

20 años pasaron de ese momento en el que la banda de Rodrigo Martin se metería en las turbulentas aguas del rock nacional para hacer cuerpo con encuentros y desencuentros entre sus integrantes, conectándose con grandes artistas de la talla de Billy Preston o Jimmy Rip, para inmortalizar un puñado de discos que se fundirán en el imaginarios juvenil de los noventa y principios de esta primera década.
Las bandas consideran interesante rejuvenecer en su música y un recursos que se viraliza es recorrer un disco significativo de punta a punta, respetando el orden, el tiempo y los silencios del mismo. Juana La Loca consideró propicio conmemorar los 20 años de su primera placa que puede considerarse una de las primeras en bucear por diferentes texturas sonoras y que se encontraba influenciada con claridad por el sofisticado sonido de brit de ese entonces. Un combo de Stone Roses con The Jesus and Mary Chains constituyó la piedra fundamental para que muchas bandas de ese entonces se propusiera replantear los pilares del rock nacional con un sonidos fresco y diferente. Babasónicos, Los Brujos, Martes Menta y Demonios de Tasmania, entre otros, conformaron una escena algo espontánea que tuvo detrás a ciertos ideólogos como Daniel Melero y Gustavo Cerati, quienes aplicaron su empiria y alquimia para generar un cambio de timón dentro de un género musical que había cumplido sus dos décadas de existencia en esta zona rioplatense.
La noche se consumía en vasos de cerveza en todos aquellas personas que se apostaban sentados, conservando una inquietante expectativa y un éxtasis que suele ebullir de un recital de Juana La Loca. Por ello, luego de un set instrumental a cargo de Los Kahunas, Rodrigo Martín se paseó cerca de las 2 am saludando a su público y preparando la mente para le reinterpretación de Electronauta.
Una hora más tarde, la banda oriunda del sur que cuenta con un elenco renovado y constituido por músicos referentes de otras bandas como Toddy Tapia, ex bajista de Turf, o el mismísimo Guillermo Coda que también conserva su puesto de guitarrista en los eternos Peligrosos Gorriones; se dispuso a iniciar este viaje por el tiempo cuando las primeros sonidos de la programación para acercar a estos nostálgicos al espíritu del primer track: A la puerta del Sol.
No podía ser de otra manera, el cuerpo se dejó llevar en la secuencia de ese sonido frenético que seduce e hipnotiza con Mercurio, uno de los clásicos más cantados entre el público. Líricas reducidas que desde la suavidad de la voz de Martin brindan paso a una ingeniería sonora que se constituye como el protagonista de esta obra conceptual.
Desde la batería, Richi se encargó de sostener la potencia de la banda para y permitir a Rodrigo someter desde su carisma y sumergirse en un mar de afecto cuando salió del escenario y se mezcló en la euforia eterna de “gente en una espiral”. Porque este es el plan de Juana La Loca y se conforma en una “contraofensiva al mal gusto” como pregonó su cantante para desempolvar estas piezas que pueden conmover y quebrar a los advenedizos y obsecuentes mercenarios de la música.
El recorrido por los principios de los noventa supuso encarnarse e inyectarse cada una de las canciones como Cupido, Mi Otoño es Verde, Ella come Limones y rendirse en Pensando como Langosta. Sin embargo, hasta ahí no fue todo porque el pogo se multiplicó en Autoejecución, primer videoclip de la banda y corte de difusión del disco.
Tras el anuncio final que se extiende en los paisajes sonoros de Periquito gomaespuma y que nos despiden de Electronauta, la banda apostó a la decisión de interpretar por primera vez una de las piezas que fueron excluidas de la selección total del disco. Por ello, tras ese aviso que hacía sentir a los presentes como testigos privilegiados de este revival, empezó a sonar Corta mi muerte, una melodía exacta y reveladora del proceso musical de la banda en ese entonces.
Vino un breve intervalo que abruptamente fue desplazado con la potencia de Agujeros Negros para continuar con Superman del mismísimo segundo disco Revolución (1995). Y el final de la noche se diluía en el clásico Vida Modelo y Viernes a la Noche, para no desanimar a los presentes y continuar la caravana.