El fin de semana de feriados pasado se realizó uno de los eventos más convocantes de la cultura rock en el aeródromo de Santa María de Punilla aprovechando la seguidilla de feriados que trajo la ebullición del carnaval durante estos años. Ni muy lejos, ni muy cerca de esa corporalidad de los popular pero sí en la liberación de las percepciones y sentidos que evoca la presencia de las diferentes bandas, Cosquin Rock se posicionó como un gran megaevento que busca acercarse a las novedosos e interesantes festivales del hemisferio norte.
Otra de las grandes particularidades de asistir a un espacio como este es observar los diferentes tipos de rituales previos de los diferentes públicos que se convocan en un pueblito perdido entre las sierras: un desvío, un corrimiento de Carlos Paz, donde la farándula se arranca las plumas y eso es el gran espectáculo al que muchos quieren asistir. Sin embargo, del otro lado del dique San Roque y con aparente desorden se puede armonizar la mente disfrutando de un pequeño arroyo como desde las alturas de la vuelta al mundo contemplar todo el predio rendido a los pies del cordón serrano de punilla.
Cosquin Rock es el gran evento donde la camaradería de las bandas es latente permitiendo una convivencia ejemplar entre diferentes géneros musicales que toman lugar y que les permite a alguna bandas poder difundirse en un espacio realmente federal.
El periplo a la nostalgia
La primer jornada un tanto accidentada por la llegada masiva de jóvenes a Santa María de Punilla tuvo un encuentro nostálgico con las presentaciones de Pedro Aznar y David Lebón, seguida por el rescate que hace Fito Paez de su gran disco exitoso en su show "El amor 20 años después del amor", para alcanzar quizás los oidos barriales con Ciro y los Persas y un cierre prometido con Charly García.
Mientras que en el escenario alternativo la temática rondaba por los paisajes del suburbio stone, el ojo estuvo puesto en el escenario principal y en momentos épicos como la invitación de Ciro a Micky Rodriguez de La que faltaba (otra banda participante) para rememorar Morella de sus épocas piojosas. Pero sin ninguna duda, más allá del show de Charly García que de por sí genera toda una expectativa y revolución por su puesta escena con The Prostitution, algo soñado y cantado fue una pequeña reunión de Serú Girán (sin Moro, ya fallecido) en la que Lebon y Aznar se hicieron presentes para entonar Perro Andaluz y Seminare.
La irrupción de los barrios
Con el cuerpo debil del día anterior, sensible porque también el espíritu de Spinetta se encontraba en pleno homenaje, se largó la segunda jornada del evento que tuvo una mirada un poco más ecléctica por la convivencia de los diferentes estilos. Un escenario temático que se despachó con las mejores bandas del metal local que decantó con la presencia de Exodus de EE.UU. y el cierre de Almafuerte con la imponente figura de Iorio que con aires de paisano seducía a sus seguidores que entre rabiosos graves aullaban a los pies de las sierras. Al margen del personaje mediático que fue construyendo, no cabe dudas que el carisma del cantante de Almafuerte se conforma de un cóctel potente de canciones del género que supo construir a principios de los ochenta con V8 y que con Hermética continuó tejiendo y marcando los designios del metal argentino.
La variedad musical se encontró una vez más en el escenario principal en el que Guasones apostaron a exprimir sus éxitos para brillar en una tarde completamente fantástica en la que algunas nubes habían amagado con disparar algunas gotas. Nonpalidece sucedió a los platenses para homenajear a Bob Marley que en la semana se cumplía un aniversario más de su natalicio y en el festival su espíritu se hizo presente para ser homenajeado por artistas de diferentes aristas del rock como Ciro Pertusi, el Negro García López y Carajo, entre otros. Un sonidos prolijo que a la distancia se podía apreciar mucho mejor y que inundó de relax todo el predio invitando a recostarse a los márgenes para contemplar la silueta y superficie de las sierras.
Como tregua a una tarde que se despachaba en un calor abrazador, el reggae fue dando paso a Catupecu Machu que, afín a su costumbre, no vaciló en apoderarse del espacio aereo y de la gente al fuerza de potencia en sus sonido y alaridos de Fernando Ruíz Díaz que como showman manejaba los ánimos del públicos mientras repasaba su repertorio. Tal como se había comentado, el espíritu de Spinetta y el recuerdo Ceratti y Gabriel Ruiz Díaz fueron excusas para aunar energías y encauzarlas a la memoria y salud de estos últimos dos músicos para desestabilizar la paz del pueblito Santa María de Punilla a los gritos y saltos de "Dale!".
La ansiedad del pueblo stone se hacía insoportable rebajando con alguna hierba santa y sintonizando con la propuesta de este nuevo Viejas Locas que repasó su lista de éxitos con una banda totalmente renovada, diferente de aquella que salía por los barrios a tocar en aquellos noventa. Pity Alvarez, referente indiscutible del género, se encontraba algo pálido y calavérico pero increíblemente lúcido y vital para levantar la performance de la banda e intentar dirigirla como una orquesta, quizás algo pretencioso para temas que carecen de cierta sofisticación o complejidad en sus composiciones. De todas formas, la fórmula es excelente y con una sencillez que pareciera ocultarse, Viejas Locas logró entusiasmar a desprevenidos y enloquecer a los que peregrinaron hasta las sierras para rendir culto a una leyenda del rock nacional que los hipnotizó con clásicos como "Adrenalina", "Lo artesanal", "Homero", "Hermanos de Sangre" y el abrupto cierre con "Una piba como vos".
"Vamos la vela de mi corazón ", fue la consigna que los seguidores de la banda uruguaya entonaron a modo de himno para invocar su pronta presencia en el principal escenario de Cosquin Rock y dar así inicio al ocaso de la noche que tendría como plato final a Las Pelotas. Por ello, pasadas las 23 horas La Vela Puerca se presentó ante la multitud para envolver con códigos de camaradería barrial las voces de las 30 mil almas que se apostaron para vibrar con canciones con mucha intensidad como "..y así vivir" de su último disco Piel y hueso (2011) o clásicos como "Mi semilla", "Doble filo", "La Teoría", "Zafar" o "Llenos de magia", entre otros. Exhaustos a esta altura restaba la presentación de la banda que más convocatoria tiene el evento con una presencia perfecta en todas las ediciones del megafestival. La banda de Daffunchio tuvo la localía con una amplia asistencia de muchos de los que eligieron recibir el rocío de la noche que bajaba desde las sierras mientras todavía la furia y la invocación a los dioses se sentía desde el escenario donde Ricardo Iorio con Almafuerte se dispusieron a hacer un repaso de la discografía y colar entre los oidos algunas piezas de su último disco Trillando la fina (2012).
La jornada fue exhausta e intensa y el andar de los exiliados del rock retomaba el curso hacia algún refugio sea en la Punilla o el dificultoso regreso en masa a la ciudad.

