Tras una larga vigilia ante
promesas truncas y varios dichos y entredichos sobre una futura reunión de Oasis,
el 10 de junio pasado, salió a la luz el flamante disco BE, segundo trabajo de Beady Eye en estos cuatro años de vida, que
viene promocionándose hace unos meses mediante dos cortes de difusión: “Flick
of the finger” y “Second bite for the Apple”, que insinuaban, entre líneas, un
giro de timón por parte de la banda liderada por Liam Gallagher.
Los ingleses intentaron
profundizar la propuesta de su primer disco Different gear, still speeding (2011) saliendo un poco de ese
revival mod para adentrarse a escenarios un poco más experimentales, romper un
poco con la canción y suscitar una especie de viaje en ciertos lapsos de las
melodías. No obstante, no pierde fuerza e impacto la apertura triunfal de
“Flick of the finger”, de lírica reflexiva y que nos eleva a través de los
vientos que se conjugan con una base persistente, similar en “Mucky fingers” del disco Don`t believe the truth de Oasis. Aquí
se dilucida una intención superadora de BE
para romper esos esquemas simples pero eficaces, respecto del primer disco, a
partir de una mirada un poco más madura y prolífica en las composiciones: “Soul
Love” continúa la marcha con cautela y paso sombrío para inducirnos a un territorio
beatle y, de pronto, soltarnos la mano en esos espacios liberados al sonido
“trippy” de los teclados.
Un camino similar transita
la canción “Don´t brother me”, la cual esconde connotaciones a la relación con
su hermano Noel y hace un guiño a la esfera beatle (específicamente, al tema “Don’t
bother me) jugando con su pronunciación. Sin embargo, más allá de la polvareda
por la polémica, en esta canción se desdoblan ciertos aires melancólicos concatenados
con la ternura de la voz de Liam para teñirse de cierta psicodelia, en un juego
de sonidos con una guitarra que, emulando una cítara, nos dispara a un estado
intenso e infinito.
Sin dudas, una de las
propuestas o novedades que trajo esta segunda apuesta de los ex Oasis fue la
utilización constante del recurso del brass, lo cual constituyó uno de los
aportes más sabios para envolver, con cierta solemnidad, sus canciones y no
alejarlas nunca de la clásica composición del rock inglés de los sesenta, encontrada
también en varias obras de The Kinks o en el “The Satanic Majesties…” de The
Rolling Stones, por citar algunos casos.
En esta misma línea, cabe
destacar a “Shine a light” como una de las piezas más fascinantes y sublimes del
disco; una melodía que seduce el oído desde el segundo cero con un arreglo de violín
y piano y que marca un condimento interesante e hipnótico. De pronto, irrumpe una
furiosa acústica que se dirime el protagonismo con el juego de voces conformado
por Gallagher, Bell y Asher. La participación de todos los integrantes pasa a
ser un aspecto notorio en el disco en el cual, por fuera de la autoridad de
Liam, tanto Andy como Gem fueron tomando mayor posicionamiento en los destinos
artísticos de la banda.
Este barco llamado Beady
Eye eligió tomar una dirección calma, pero arriesgada, dentro de las aguas
turbulentas y deliciosas de la psicodelia y así también poner un paño de paz a
sus melodías. Por ello, en canciones como “Face the crowd”( quizás, un guiño al
disco The Face in the crowd (1979)
de la banda mod The Merton Parkas) o “Just saying”, pueden ser consideradas
como las más fuertes o potentes.
En
tanto, el arte de tapa, realizado por Trevor Jackson en colaboración con el
fotógrafo Harry Peccinotti, ancla este tipo de referencias descriptas y las
encalla en el sendero de lo más “arty” que Liam puede brindarnos desde lo más
hondo de sus entrañas. Este detalle ha sido mal interpretado por algunos
sectores conservadores que censuraron la tapa del álbum, debido a que, en el
torso descubierto de la modelo y esposa de Peccinotti, la mirada se detuvo en la
aparición “agresiva” de un pezón. Hipocresía, al fin, pues no hay ningún tipo
de referencia a la sensualidad y cosificación de la mujer. Por el contrario,
una instancia trascendental del ser y de la banda misma en un viaje hacia sus
canciones nos propone un renacer a su ocaso en “Start anew”: “Tenemos todo el mundo en nuestras manos/ Aprovechemos la oportunidad y empecemos de
nuevo/ Vos y yo”.
Bonus track
La edición deluxe de BE trae cuatro canciones más que se
orientan a la misma tendencia psicodélica de toda la obra en su conjunto. Sin
embargo, por momentos, parecen guardar una impronta mucho más arriesgada, como en
“Dreaming of some space”, una invitación a sumergirse a las aguas recorridas
por el submarino amarillo para encontrarse con el espíritu de Lennon en “The
World’s not set in Stone” y en las dos piezas dulces y conmovedoras “Back after
the break” y “Off at the next exit”. Cuatro perlas por las que vale la pena
acceder a esta edición de lujo.
Sin embargo, no todo está
dicho y, dada la exigencia y la recepción del mercado japonés, se editó una
versión que suma dos temas más: la sobria y relajada “Girls in uniform” y “Evil
eye”, cierre inmejorable de gran caudal melódico en clave beat.
El flamante BE es un disco muy diferente,
reflexivo y opuesto a la euforia que puede encontrarse en Different gear, still speeding (2011), al inducir al oyente a
sonidos familiares y conocidos en discos de Oasis como Heathen Chemistry(2002) o Don´t
believe the truth (2005). No obstante, puede identificarse también un
cambio de mentalidad en todos los integrantes al encontrar a un Liam que deja
de ser “Our kid” para ser “The new chief”.
Nota publicada en revista ULTRABRIT # 4
Nota publicada en revista ULTRABRIT # 4
