Beldent se copó nuevamente y realizó un festival de música en vivo en modo aleatorio que por segundo año consecutivo reunió a los nombres más importantes de la escena nacional como Miranda e Illya Kuryaki & The Valderramas y, por otro, a figuras emergentes pop de la escena internacional como norteamericano Sky Blu de LMFAO y la británica Kate Nash. Con entradas que se pudieron ganar a través de diferentes modalidades que circularon en las redes sociales, alrededor de 20 mil personas coparon el predio costero de Vicente López para gozar de una modalidad original de vivir un recital.

La novedad radicó en quien escribe para contemplar una gran figura fálica y luminosa que de manera "arbitrariamente" aleatoria decidió que banda saldría al escenario para dar vida a este evento. Sin embargo, al margen de lo divertido de la propuesta es rescatable poder apreciar el montaje que se llevó a cabo para realizar un festival en el que cuatro bandas tocan de manera guionadamente simultánea. Esta famosa estructura que consistió en una gran torre de pantallas de led brindó cierta emotividad con sus luces y sonidos mientras giraba a los fines de someter desde sus alturas y su mirada de poder a quienes debían divertirnos.
Previamente, la presencia de El Choque Urbano, DJ Stuart y bandas de cotillón y medio pelo como Agapornis iniciaron la antesala del gran evento en sí: un faro que simula una fuerza sin rumbo e impredecible que exige el número que debe salir. Entonces, los cuatro artistas que formaron parte de este duelo “random” propusieron diferentes pautas y que la noche pueda explotar en lo festivo: IKV que son su groove y fuerza funk-rock característica se llevaron el evento, Miranda con sus sinthpop emocionó a púberes hasta el frenesí, Kate Nash que dio sus primeros pasos en nuestro país y mostró un poco de su tibia furia de adolescente punky, en tanto que Sky Blu supo agitar la noche y mover a una multitud con su contagioso rap electropop de boliche cool. De esta forma, las bandas debieron fraccionar su setlist estándar en tres tandas de tres o cuatro temas, lo cual mostró performances bastante parejas.
La sorpresa de todos lo que asistieron y cierta sobriedad por la falta de figuras de alto impacto masivo centró el humor de los asistentes en cierta adrenalina de poder acercarse con apuro al escenario iluminado. Ya no se contempla con calma, ni se disfruta en reposo de una pieza sonora sino que hay constante movimiento, la velocidad de la cotidianeidad de las que el espectáculo simula protegernos. ¿Importa saber que una marca de chicles se carga al hombro una organización colosal de un festival? Cabe la relación del tipo de bandas que participaron con su estética, la fugacidad de su éxito, la calidad de un sabor efímero. Claro, estimo que no será el caso de IKV que tiene en su hombro años de trayectoria de buenas performances y composiciones innovadoras, al menos en estas tierras.
Por ello, el cierre fue a puro globo, a pura fiesta con la cortina musical (autoría de Sky Blu) de un programa tan banal y artificial como Animales Sueltos que propone una agenda de temas que preocupa la importancia en cómo se tratan. Pero sin alejarse del espíritu festivo al sumergirse en la euforia de la cultura pop en ebullición con piñatas llenas de papeles y paquetes de chicle, se puede tantear una propuesta diferente de espectáculo de asistencia masiva que muestra una brecha cada vez menor entre el concepto de fiesta electrónica y un recital de rock.En líneas generales, en épocas de pésimas organizaciones de espectáculos y precios irrisorios y rapiñeros, esta empresa de golosinas brindó un buen ejemplo de evento semi gratuito.

