4 de febrero de 2011

Peligrosos Gorriones en Niceto: las vueltas de la vida


Si alguien dijera que aquel diluido nuevo rock nacional está vivo, estimo que me reiría e irónicamente enfatizaría tirando como ejemplos a los queridos Babasónicos. Sin embargo, pasan los años y aunque algunos artistas quedan, otros deciden volver para ver qué onda o al menos revivir esa efervescencia que supieron ser ese manojo de bandas que a principios de los noventa abrieron el abanico del rock local. Por eso, Bochatón y compañía sobrevolando el cielo palermitano aterrizaron en Niceto para dar cuenta de la ira de los Peligrosos Gorriones, formada allá por La Plata en 1991.

Como un número especial de la ya aclamada fiesta Invasión que se da cita todos los viernes en el boliche tradicional de Palermo sobre la calle Niceto Vega, Francisco Bochatón –conocido de la casa- volvió con esa banda para dar lugar a un repaso de sus tres discos editados por esos años:  Peligrosos Gorriones (1993), Fuga (1995) y Antiflash (1997). 
De sólo recordar la carrera solista de Bochatón, imaginaba una presentación tenue y lejana de aquellos años que la resonancia de una nueva promesa en el rock local parecía concretarse, fue que le erré. De manera contundente, la banda salió al escenario de Niceto no sólo para tocar y llenar de nostalgia a algunos sino para que otros también agiten y que, así sean un puñado y sin concretar ninguna promesa, le pongan un poco de furia al solemne aire que recorre la movida pseudo-rockera y snobista de Palermo Hollywood.



Cual observador, me planté al costado del escenario  frente a Guillermo Coda para tomar el pulso de la furia que emanó de su guitarra cuando sonaba el riff de “Un ardiente beso” o bien asumir la prudencia de no partirme el cuello ante una posible zambullida de Bochatón hacia su público cuando tocaban “Escafandra”. Por ello, es que dentro del asombro en el que me encontré aquella noche, que los Peligrosos Gorriones venían repitiendo en algunos recitales durante el 2009 y principios del 2010, pude relajarme y sudar tranquilo, sin miramientos, en la noche cool de Palermo.