Aclaro que voy a hablar en primera persona. Necesito hacerlo para explicar un momento sublime y en el que lucharé para poder brindar un panorama un poco más objetivo si es que hoy me levanté con ganas de hacer “periodismo”. Pero desde que a veces me planteaba a que tipo de credo adhería, hoy puedo decir que soy pagano y que pude ver a uno de esos ídolos en vivo así sea a cien metros de distancia.
“Roll up” fue la primer orden de McCartney y dar cuenta como de un golpe seco y rápido podía tener hipnotizada a toda una audiencia de alrededor de 50 mil personas. Una gira mágica y misteriosa en la que en ningún momento me llevó a preguntarme cuánto había tocado, pero si notar que nunca adherí a la discografía solista y simplemente comprender cuántos temas de este inglés suenan en Aspen Clásica.
Sin embargo, como admirador de los Beatles, no puedo decir que me haya quedado insatisfecho porque este bajista de unos 68 años acompañado por una banda de la re puta madre, interpretó canciones como “Drive my car”, “All my loving”, “Blackbird”, “Eleanor Rigby”, “Ob-la-di Ob-la-da”, “Back in the U.S.S.R.”, “Lady Madonna”, “I´ve got a feeling”, “Paperback writter”, “Day tripper”, “Hey Jude”, “Helter Skelter”, “Get back” y como dije antes varios clásicos y éxitos de su discografía solista.
Los momentos que te hacen temblar, que te mueven las entrañas y por momentos te sentís un puto vulnerable en medio de River, fueron aquellos en el que Sir Paul interpretó: Let it be (cuya proyección en la pantalla evocaba aquel famoso video de la canción), Live and Let die (donde no faltaron los fuegos artificiales para agitar un poco y darle polenta al tema). El momento realmente mágico y místico fue “A day in the life” esa hermosa canción que cierra el monumental disco Sgt. Peppers para enganchar a modo de homenaje a Lennon con el estribillo de “Give peace a chance”.
Aclarar que un recital así te puede sacar la lágrimas más dulces por la conexión que esta música le genera a uno de manera muy visceral es una obviedad, pero la interpretación de “Something” para homenajear a George Harrison o la desgarradora y profunda “The long and winding road” o “Yesterday” pueden direccionar algunas percepciones al respecto.
El cierre de la celebración estuvo a cargo de la Reprise de “Sgt. Peppers” para despachar a su público, sin antes dejar en claro por qué este señor perteneció a una de las mejores bandas del rock al interpretar “The End” y permitir el libre albedrío de su público para gritar al cielo: “Yo ví a Paul McCartney”.


