20 de marzo de 2015

The Day Is My Enemy de The Prodigy


El sexto trabajo de estudio del trío de Braintree es el fruto de un proceso prolífico que se nutrió, en parte, de la experiencia sonora de su predecesor Invader Must Die (2009) al tomar la fuerza sanguinaria de muchos de sus beats y de las guitarras rabiosa que se desgarran y confunden con las voces del MC Maxim Reality y los aportes de Keith Flint. El primer golpe acestado fue con Nasty que contextualiza al oyente dentro del estilo inconfundible de los ingleses, delineado por Liam Howlett, y que pincela un paisaje de espectros o criaturas que subyacen en la nocturnidad.
The Day Is My Enemy abre con un tema de nombre homónimo que sugiere una desolación al llenar con un ritmo seductor que, a paso firme, conjuga esas detonaciones que conforman la base con la voz de una vieja conocida de la banda en otros trabajos como Martina Topley-Bird, quien balbucea al infinito los versos que se convertirán en himno: “The day is my enemy, the night is my friend…”. Un llamado hace emerger a las bestias en el comienzo triunfal de este flamante trabajo de The Prodigy.

Sin embargo, la ansiedad intenta alcanzar picos de excitación sofocados en un recurso algo saturado y utilizado por la banda, ya que existen pasajes del álbum que realmente no conectan por la repetición de su fórmula. ¿Esto es malo o bueno? Quizás supere esta dicotomía para poner el ojo en la capacidad de los ingleses de reinventar y ser inteligentes en la manera cómo se construye el álbum. Por eso, la participación de figuras importantes de la escena under inglesa como Sleaford Mods y de la electrónica como Flux Pavillion, los posiciona de manera estratégica dentro de la industria sin retroceder un solo paso. 


En estos picos más atractivos del disco, Ibiza es un paso interesante dentro del álbum porque supone una crítica ferviente a la cultura del DJ estrella. Quizás las asociaciones hacia un renombrado artista del estilo sean más que obvio y más hirientes aún desde la voz corrosiva de Jason Williamson, de Sleaford Mods, quien le aporta este natural toque slang al tema con su desmesurada verborragia. Mientras que Destroy amaga un comienzo similiar a Smack My Bitch Up (de hecho, cierto ritmo similar subyace) pero el detalle del teclado lo hace un poco más ténue y dócil al oído. En tanto, Wild Frontier encanta con esos retoques sublimes de krautrock en la introducción que se disparan en la mente al encontrar momentos de reposo y reacción extrema.

La exploración sonora continúa en Beyond The Deathray que ofrece las delicias que puede crear la mente de Liam Howlett para minar el campo en el siguiente track explosivo: Rhythm Bomb. La participación del DJ Joshua Steele, a.k.a. Flux Pavillion, no sólo le aporta el expertise de un artista que conecta con la nuevas generaciones de la escena sino, también, una bocanada de frescura a una propuesta por parte de la banda que le cuesta superar pero que arriesga cierto coqueteo con el dubstep.

Sin dudas, otro gran momento de The Day Is My Enemy es la poderosa Medicine que se condice con la propuesta global de este trabajo de potenciar la agresividad de Invaders Must Die. Pero no todo termina ahí sino que, también, los ingleses se guardan algo de oxígeno para otro misil contundente como Wall Of Death.

Tras seis años alejados de los estudios, The Prodigy se mantuvo brindando shows en diversas partes del mundo al aprovechar su capacidad y versatilidad camaleónica, ya sea para cerrar un festival de rock o formar parte del line up de grandes eventos de electrónica. El trío de Braintree, Essex, volvió al circuito con el estandarte de un estilo que los corona como precursores y representantes indiscutibles de la escena rave de los noventa.