Nuevamente en la recorrida nocturna de Palermo, fue que me encontré envuelto por la implacable fuerza de los corsos que dieron vida a la cosmopolita Buenos Aires. Inclusive esa alegría que se vive durante el carnaval se contagió también en el Roxy Live, una versión menos exclusiva pero más accesible por la movilidad para todos aquellos que disponen de un paladar apto para todo tipo de música…
La cumbia como fenómeno cultural también se maquilla y adopta atuendos del glam rock con camisas hawaianas, para irrumpir con macbooks y lentejuelas en el escenario palermitano e invitar a todos aquellos a despojarse de vestimentas y poses. Tarea difícil por esos pagos donde el rock pareciera degustarse de manera diferente, quizás más acorde al estereotipo de “rockero” que la empresa de ropa Levi´s busca insiste en mostrar como la verdad revelada.
Sin embargo, Los Labios (una banda de cumbia compuesta por la cantante Lulú Jankilevich, Fede Carlorosi en guitarra, Ariel Fligman en bajo, Pablo Rios en octapad y Eduardo Ferrer en coros) se propuso desterritorializar los oidos de los presentes, como también sorprender sus miradas. Su vocalista sobreproducida se permitió jugar con aquellos elementos propios del género cumbiero, con un agregado estetico (desencantado de su origen) para tornarlos amigables a los presentes. Las damas fueron las primeras en dar el giro cualitativo para dar cuenta de que el baile es el arma de seducción-liberación eficaz para que cualquier freak, al menos, tuviera erecciones en su cabello.
Supone una curiosidad que de pronto la cumbia cope el escenario de Palermo Hollywood, claro está que ciertos elementos estéticos intervienen en la performance para envolver al mismo con el mote de “bizarro”, idea confusa, y más tramposa aun, que gira en ciertas fiestas clasemedieras…